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viernes, 1 de agosto de 2008

Para que sirve y que son los antioxidantes

Aunque no estemos concientes de ello, cada segundo estamos librando una verdadera batalla interna en nuestros organismos, pues el oxígeno es una de las mayores paradojas biológicas: A la vez que es esencial para la vida, produce “radicales libres” que son moléculas inestables (ya que les hace falta un electrón), y son altamente reactivas (dañinas). La misión de los “RADICALES LIBRES DE OXIGENO” (“radicales libres”), es la de “robar” el electrón que les hace falta a cualquiera de las moléculas que están a su alrededor para obtener su estabilidad. La molécula expoliada -atacada- (que ahora no tiene un electrón), se convierte entonces en un “radical libre” que necesariamente atacará a otra molécula para tratar de recuperar su estabilidad atómica (su electrón faltante), y de ésta manera se inicia una rápida reacción en cadena que dañará profundamente a muchas células y puede ser indefinida si los “antioxidantes” no intervienen.


Los “radicales libres” atacan directamente al ADN y producen una gran variedad de lesiones que ocasionan la modificación de sus bases y el rompimiento o el cruzamiento de sus cadenas. Si los “radicales libres” son formados por un organismo sano, este tiene la capacidad de capturarlos o neutralizarlos, pero solamente en concentraciones relativamente bajas. Cuando la concentración de “radicales libres” excede la capacidad de nuestros mecanismos protectores, llegamos a tener daños a diferentes niveles moleculares. El ataque por especies de oxígeno reactivo es la mayor fuente de lesiones espontáneas del ADN. Las especies de oxígeno reactivo son producidas continuamente en una alta proporción como resultado de nuestro propio metabolismo aeróbico.


Es decir, nuestro mismo organismo crea condiciones que contribuirán al deterioro de nuestras funciones vitales. En nosotros reside un enemigo interno que conspira para nuestra muerte y que se hace más y más patente con la edad. Sin embargo existe una gran variedad de enzimas que actúan para reparar los daños del ADN, protegiendo a las células del potencial mutagénico y de los efectos letales del daño oxidativo, provocado por los “radicales libres de oxigeno”. Es interesante el hecho de que estos daños no son exclusivos del hombre ya que también se presentan en roedores, monos y otros mamíferos.


La buena noticia es que por medio de la investigación bioquímica, estamos aprendiendo que no estamos tan indefensos contra este ataque de los “radicales libres” a nuestro cuerpo. Los “antioxidantes” son como la malla de alambre fino que colocamos frente a nuestra chimenea. Estas chispas aún continuarán saltando, pero nuestra alfombra estará protegida.

¿De dónde vienen los radicales libres?


Los procesos normales del organismo producen “radicales libres”, mayormente por reacciones bioquímicas de oxidación-reducción del metabolismo normal en las que intervienen el oxígeno, por fagocitosis, como parte de una reacción inflamatoria controlada, por el metabolismo de los alimentos, la respiración y el ejercicio. También estamos expuestos a elementos del medio ambiente que constantemente crean “radicales libres” como: La exposición de radicaciones ionizantes, del sol, luz ultravioleta, contaminación ambiental, polución industrial, hiperoxia, ozono, dióxido de nitrógeno, metales pesados, hidrocarburos halogenados, radiación, aditivos químicos, en. los alimentos procesados, tabaco, pesticidas, el ejercicio excesivo.

También provienen de las computadoras, la televisión, los hornos de microondas y muchos otros aparatos electrodomésticos, sólo para nombrar los más comunes y además cada medicamento que nos prescriben, incrementa en gran medida el número de “radicales libres” producidos por nuestro cuerpo.


De hecho, nunca antes hubo una generación en este planeta sujeta a más estrés oxidativo que la presente generación. Nosotros estamos permanente y literalmente bajo el ataque de los “radicales libres” provenientes de nuestro propio organismo, del medio ambiente contaminado, de estilos de vida estresantes y también porque somos una sociedad sobre medicada. Se calculan 10,000 impactos de “radicales libres” por cada célula de nuestro cuerpo por día.


Sin embargo no todos los “radicales libres” son “malos”. Las células del sistema inmune crean “radicales libres” para matar bacterias y virus, pero si no hay un control de las enormes cantidades de “radicales libres” que nos atacan diariamente (ejercido por los “antioxidantes”), las células sanas pueden ser dañadas. Los “radicales libres” toman electrones de los lípidos y proteínas de la membrana celular, que al ser dañada, no podrá cumplir sus funciones como el intercambio de nutrientes y la limpieza de materiales de deshecho, haciendo imposible el proceso de regeneración y reproducción celular.


También en el interior de la célula, los “radicales libres” atacan el DNA (material genético), que provee la matriz para la replicación celular, impidiendo a la célula su reproducción. Los “radicales libres” aceleran y contribuyen al proceso del envejecimiento cuando toman el electrón que les hace falta de las células del tejido colágeno de la piel. Como resultado, la piel pierde su elasticidad y luce seca y arrugada.


Muchas enfermedades crónicas y procesos degenerativos están ligados directamente con el estrés oxidativo causado por los “radicales libres”, pues sufrimos constantemente directos ataques y daños IRREVERSIBLES Y ACUMULATIVOS de tipo molecular lo que altera el ADN, impidiendo la regeneración celular, alterando su funcionamiento y la capacidad de auto regeneración del organismo. Los “radicales libres” también pueden contribuir al crecimiento anormal de las células, al perder éstas la capacidad de “reconocer” las células vecinas, esa proliferación sin control produce tumores. El resultado de todo esto es que nuestro cuerpo se torna menos funcional al igual que más débil y vulnerable ante las enfermedades.

La oxidación excesiva y descontrolada causa múltiples enfermedades y síndromes:



Cáncer
Tumores benignos
Colesterol
Hepatitis
Cirrosis hepática
Pancreatitis
Enfermedad cardiovascular
Hipertensión
Enfermedad de Parkinson
Alzheimer
Cataratas
Degeneración macular
Melanoma
Envejecimiento prematuro
Fatiga crónica
Depresión
Obesidad
Fibromialgia
Estrés
Artritis reumatoide
Asma


El lapso de vida de un organismo ésta inversamente correlacionado con su tasa metabólica y por consiguiente con la tasa del daño oxidativo. Los cálculos de la producción in vivo de las bases del ADN modificadas (dañadas), por los “radicales libres” de oxígeno han dado como resultado un número de 104 modificaciones de las bases por célula por día. La acumulación de daños oxidantes incluye el aumento de una pobre reparación de las lesiones del ADN, efecto que se acentúa notoriamente con la edad, hasta llegar a la dramática confirmación del cese de las funciones vitales (muerte).


Hoy empezamos a entender los mecanismos átomo-moleculares que generan las mutaciones puntuales más peligrosas. Comprender los procesos relacionados con el daño oxidativo producido por los “radicales libres” es de importancia fundamental para evitar el envejecimiento de las funciones de nuestro organismo, si no para evitar la muerte, sí por lo menos para prolongar la vida del individuo, pero con más calidad. Debido a las enfermedades degenerativas crónicas, nuestra calidad de vida ha recibido muy fuertes golpes. Nosotros estamos literalmente: "Viviendo muy corto y muriendo muy largo".


¿Cuánto tiempo espera vivir usted? Ahora, imagínese lo que serán sus últimos veinte años. Yo le puedo asegurar que mis pacientes hoy en día no están tan preocupados con la cantidad de años que les quedan en sus vidas como lo están con la CALIDAD DE VIDA en esos años. ¿Quién espera con ansias a una década o dos de padecer dolor agudo debido a alguna enfermedad degenerativa? ¿Le da miedo envejecer? ¿Ya ha aceptado la enfermedad crónica o el dolor como parte de su futuro? ¿Está dispuesto a realizar los cambios de vida necesarios para asegurar su salud? Yo creo que una vida física plena y abundante no necesita comenzar a perderse a los cuarenta años de edad. Cada año de su vida puede ser el mejor. Pero, para eso usted debe comprender primero la guerra que se está peleando dentro de cada uno de nuestros cuerpos. Y cuidarse......


Es por eso que recomiendo la MEDICINA PREVENTIVA en lugar de la medicina post problema - en primer lugar dar poder a las personas para evitar contraer enfermedades mayores -. Durante los pasados años, yo he cambiado mi enfoque. Ahora fomento y apoyo a mis pacientes para que adopten un enfoque tripartito a la salud: comer bien, practicar un programa de ejercicios consecuente y consumir diariamente suplementos nutritivos de alta calidad. Ahora empleo medicamentos como último recurso - no como mi primera opción.


En los últimos 7 años, he revisado más de 2000 estudios médicos y científicos con relación a los suplementos nutritivos y cómo afectan nuestra salud. ESTOS ESTUDIOS QUE APARECEN EN LAS REVISTAS CIENTÍFICAS MÁS SERIAS, REPORTAN QUE, MÁS ALLÁ DE CUALQUIER DUDA, LA VERDADERA CAUSA DE MÁS DE 100 ENFERMEDADES DEGENERATIVAS CRÓNICAS ES EL ESTRÉS OXIDATIVO CAUSADO POR LOS “RADICALES LIBRES”. Estas son las enfermedades más comunes y conocidas que todos tememos y desearíamos evitar.

¿Cuál es el papel de los antioxidantes?


Los “antioxidantes” son sustancias que tienen la capacidad de inhibir la oxidación causada por los “radicales libres” (son el “batallón” que contrarresta los daños). Unos actúan a nivel intracelular y otros en la membrana de las células, trabajan por lo regular en conjunto haciendo una sinergia para proteger a los diferentes órganos y sistemas. Es decir los “antioxidantes” vuelven inofensivos a los “radicales libres”.
Son clasificados de acuerdo a su trabajo y a su localización. Pueden ser enzimas naturales, “antioxidantes” obtenidos en la dieta, suplementos alimenticios o “antioxidantes” farmacológicos.


En el ambiente intracelular tenemos “antioxidantes” naturales: catalasa, glutation peroxidasa y superóxido dismutasa. El glutation contiene selenio y ayuda en la prevención de la formación del radical hidroxilo, también regenera la vitamina C, que a su vez regenera la vitamina E. En el plasma sanguíneo encontramos “antioxidantes” naturales (proteínas) como la trasferrina, lactoferrina, ceruloplasmina y albúmina. Estos “antioxidantes” naturales están disminuidos en los pacientes con diabetes. Otros “antioxidantes” encontrados en el plasma sanguíneo o suero son la bilirrubina, ácido úrico, vitamina C, vitamina E, beta caroteno, melatonina, flavonoides y estrógenos. Los minerales selenio y zinc también juegan un papel importante en el organismo como “antioxidantes”. Los flavonoides son compuestos polifenólicos encontrados en las plantas como frutas y vegetales, que son excelentes “antioxidantes”. Comúnmente se encuentran también en el té (principalmente té verde) y en el vino.


En las frutas que fueron cosechadas en buena tierra y hasta su maduración se encuentran una gran cantidad de los mejores y más abundantes “antioxidantes”: Flavonoides, carotenoides, licopeno, indoles, luteínas y XANTONAS, todos con una potente acción antioxidante.


Si tenemos “antioxidantes” naturales en el cuerpo. ¿Porqué envejecemos y tenemos tantas enfermedades crónicas? Con todo el bombardeo que por medio de múltiples medios llevan cabo los incansables “radicales libres”, el abasto de los “antioxidantes” naturales y de los “antioxidantes” que se obtienen con la alimentación, no es suficiente.


Aunque la mayoría de los “antioxidantes” provienen de los vegetales y de las frutas, nuestras comidas tienen contenidos de “antioxidantes” y minerales de apoyo significativamente reducidos como resultado por ejemplo; Del agotamiento de minerales en nuestros suelos, de la cosecha de productos sin madurar, del prolongado almacenamiento y refrigeración de los alimentos, de comidas altamente procesadas, de comida chatarra, de nuestros reducidos gustos particulares y de una preparación de la comida deficiente, entre otras causas.


La salud empieza en cada una de nuestras células, que están en un proceso constante de renovación, reparación, reproducción y autodestrucción. En un tiempo en el que estamos bajo el ataque más masivo proveniente del medio ambiente que nos rodea, nuestros sistemas de defensa naturales están siendo abrumados y agotados. Nosotros deberíamos responsablemente hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a elevar y reconstruir nuestros sistemas “antioxidantes” con varias cosas:

1.Una dieta de lo más saludable,

2.Ejercicio moderado,

3.Y también necesitamos aprender que en esta época tan contaminada, una suplementación completa y balanceada con complementos de alta calidad (nutrición celular), es nuestra mejor aliada para ganar esta guerra interna y proteger nuestra salud.

Ray D Strand, M.D. P.C.


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